El conflicto violento sigue siendo uno de los mayores retos que enfrenta el mundo. La guerra destroza comunidades y obliga a la gente a abandonar sus hogares, destruyendo vidas y medios de subsistencia e impidiendo el acceso a salud y educación.  El resultado es un ciclo de sufrimiento, pobreza, injusticia y más violencia.
 

Las respuestas militares no ofrecen soluciones

 
La inversión mundial en desarrollo, diplomacia y construcción de paz se ve superada dramáticamente por el gasto militar. A nivel global, parece que somos incapaces de proteger a la gente, prevenir la guerra o resolver los conflictos de manera pacífica. 
 
Los conflictos tienden a considerarse de manera demasiado simplista. Las respuestas a ellos son de corto plazo y a menudo motivadas por la crisis, caracterizadas por decisiones tomadas desde lejos, sin involucrar a los afectados.
 

Una visión limitada de la construcción de paz de largo plazo

 
La violación de derechos humanos y libertades civiles constituyen el núcleo de muchos conflictos violentos. Las necesidades sociales, políticas y económicas insatisfechas pueden suscitar oposición y disturbios civiles. 
 
Simplemente ponerle fin a la violencia no es lo mismo que transformar el conflicto. Si no se abordan las causas fundamentales del conflicto, es probable que se produzca violencia. 
 
Establecer una paz sostenible implica a menudo un largo proceso de apoyo al diálogo, de reparación de relaciones y de abordaje de las causas fundamentales del conflicto. Para lograr un cambio  duradero, es esencial trabajar con todos los involucrados y afectados por el conflicto.